miércoles, 27 de enero de 2010

UNA HISTORIA

Quiero ir a la playa, y quedarme ahí por siempre. La brisa distrae mis absurdos pensamientos; los pasea y los arroja a la orilla del mar. Ahí se quedan, hasta que una ola los borra, o hasta que, durante alguno de mis paseos los encuentro al pisarlos. Regresan a mí. De cualquier manera, es bueno estar sin ellos unos momentos.

Es una bendición recostarse y mirar el cielo infinito. Levantarse asombrado,
contemplar la inmensidad del mar. En ese instante me siento tan nada, y parte de un todo a la vez. Soy todo y nada. Nada no está; no hay límites para un todo, al no haber límites, no está. No hay. Así que repito ¡No existo!

El viento se lleva mis herejías. Me permite concentrarme en asuntos más simples. Simplemente maravillosos, debería decir.

Observo las aves, siento las gaviotas, siento la arena en mis pies, puedo saborear la salinidad del ambiente, escuchar al mar y olfatear una comida ajena, seguramente deliciosa. Placeres insignificantes. De pronto me sumerjo en un hervidero de preguntas. ¿Cómo se descubrieron las leyes de la aerodinámica? ¿Hace cuanto emergió ésta península? ¿Por qué el mar es salado? ¿Los sordos pueden imaginar los sonidos? Todo se complica.

Cierro los ojos e imploro un soplido. Vacío de nuevo. Miro el horizonte. Es enero y no tendría por qué estar solo en la playa. Entonces pienso en ti. Voy corriendo a mi habitación para poder dormir. Ningún viento es tan fuerte para alejarte de mi mente. Así que prefiero apagarme.

2 comentarios:

  1. QUE ROMANTICOOOO ¡¡¡¡
    ME HAS HECHO VOLAR LA IMAGINACION.. QUE DELICIA ESTAR CON EL SER AMADO.. PERO BUENO ALGUN DIA LO HARE REALIDAD.... ME HA FASCINADO.. PUBLICA MAS¡¡¡¡

    ResponderEliminar